Fuente: DRUNI
Por Sayen Jiménez
Durante décadas, la moda funcionó como una herramienta de expresión personal. La ropa decía algo sobre quién eras, qué música escuchabas y/o qué lugares frecuentabas. De alguna u otra forma, construías tu identidad.
Hoy, esa lógica parece haber cambiado bastante. Los jovenes ya no buscan diferenciarse, sino a pertenecer. Se busca validación en un entorno dominado por algoritmos, tendencias virales y nuevas estéticas.
Según un articulo del Centro Psicológico UPAD, las redes sociales cambiaron la forma en que nos relacionamos y mostramos nuestra vida a los demás. Facebook, Instagram, X y TikTok no solo sirven para compartir experiencias cotidianas, sino también para obtener validación social.
Basta con scrollear un poco en TikTok para darnos cuenta de este fenómeno. Es común encontrarse con influencers diciendo la típica pregunta: “¿Qué estamos usando las girls?” Detrás de esa pregunta se refleja una necesidad constante de encajar, aun cuando lo último en tendencia no se alinea con los gustos personales.
Las redes sociales han convertido la moda en contenido. La ropa ya no es solo para vestirnos, sino también para posar frente a una cámara. Cuando el objetivo principal pasa a ser verse bien en una foto, un video o trend, la validación externa termina influyendo mucho más que el gusto propio.
Por eso muchas veces vemos a personas vistiendo exactamente igual mientras intentan verse “únicas”. Las mismas poleras, los mismos lentes, los mismos pantalones y hasta los mismos colores neutros se repiten una y otra vez porque el algoritmo premia aquello que ya sabemos que funciona visualmente.
El problema no es seguir tendencias —eso siempre ha existido—, sino la velocidad con las que hoy cambian. Hace unos años las puffer jackets eran imprescindibles y todos querían una. Hoy, en TikTok, pareciera casi un pecado usarlas. Y probablemente en un par de meses vuelva otra prenda que todos terminarán usando de manera masiva, y que la odiarán en seis meses más.

Fuente: Columbia
La consecuencia de esto es que muchos jóvenes terminan construyendo su estilo en función de la aprobación de otros y no desde una identidad propia. Existe una presión silenciosa por mantenerse actualizado y por pertenecer a cierta estética creada en internet.
Resulta paradójico que, en una época donde existe una enorme variedad de estilos, la moda termine viéndose cada vez más homogénea. Porque cuando todos tienen las mismas referencias, siguen a los mismos influencers y copian las mismas tendencias, la individualidad empieza a desaparecer.
La pregunta acá no es qué le pasa a la moda juvenil. Es qué espacios le estamos dando a la juventud para construirse sin audiencia, para equivocarse sin que nadie lo registre, para vestirse “mal” por elección propia. Porque la identidad no se forma bajo los flashs, se forma probando cosas que no funcionan entre las cuatro paredes de tu habitación.
Y eso, prácticamente, ya no existe.

