Boom de los mall chinos: ¿qué es lo que no estamos viendo?

Por Esperanza Portilla y Sofía Vergara.

En Avenida Pedro Montt, frente al Parque Italia, se levanta un edificio que durante 24 años
albergó al Cine Hoyts: cinco salas, cartelera semanal y un panorama habitual de fin de
semana para muchas familias porteñas. Hoy, ese mismo espacio, lo ocupa un mall chino.


No es la nostalgia lo que impulsa esta columna de opinión, sino la pregunta que surge al
pasar por ese recinto y reconocer en él algo que se perdió sin mayor atención: ¿cómo
llegamos hasta aquí y qué estamos dispuestos a hacer al respecto?

Infografía de contraste. A la izquierda, el recinto en su etapa como cine. A la derecha, su
estado actual como mall chino (registro propio de Encuentro V).


Según registros de la consultora Colliers, existen más de 200 de estos centros comerciales
distribuidos a lo largo del país. Hay que reconocer que la fórmula funciona: gran variedad de
productos made in China, precios bajos y flujo constante de compradores.

Pero una cosa es reconocer su utilidad y otra es hacerse las preguntas incómodas.

Compradores recorren los pasillos de un mall chino.


Directo de la fábrica al consumidor
Para entender por qué los precios son tan bajos, hay que entender el modelo. No hay
ningún misterio sofisticado detrás: la clave es la familia. Mientras el retail tradicional
depende de una cadena de intermediarios —importadores, distribuidores, bancos,
representantes—, los comerciantes chinos cortaron esa cadena de raíz.


El esquema funciona así: una rama de la familia produce en China, otra se instala en Chile y
vende directo al consumidor. Sin comisiones, sin créditos bancarios y sin costos que inflen
el precio final.


Los pagos entre familiares tampoco siguen la lógica del mercado formal. No se realizan
mediante transferencias mensuales; de hecho, el dinero se acumula durante meses y se
envía una o dos veces al año a China, muchas veces en efectivo o a través de casas de
cambio.


Entonces, un producto que en otro circuito comercial llegaría encarecido entre un 30% y un
40% por las intermediaciones
, aquí llega al precio real de fabricación. Para el consumidor,
eso se nota en el bolsillo.


Para el comercio local, representa una ventaja casi imposible de igualar.

Artículos de origen chino, como figuras de gatos de la suerte y objetos decorativos
tradicionales.

Lo que el precio no muestra
El problema no es que los artículos de los mall chinos sean baratos. La cuestión es lo que
ocurre cuando nadie fiscaliza cómo operan.


En febrero de este año, el Colegio de Químicos Farmacéuticos denunció la venta de
medicamentos
—antibióticos y antigripales— sin autorización del Instituto de Salud Pública.


En Chile, los remedios solo pueden comercializarse en farmacias habilitadas, por lo que su
presencia en estos locales los convierte, directamente, en productos falsificados. Muchos,
además, carecen de rotulación en español, lo que impide al consumidor conocer su
composición, dosis o advertencias.

Medicamentos sin autorización del ISP, hallados a la venta en locales chinos.


Pero los fármacos son solo el ejemplo más visible. A eso se suman artículos eléctricos sin
sello SEC, locales que no emiten boletas y acuerdos laborales de palabra que no se
traducen en contratos. Por ende, cuando un trabajador decide reclamar, descubre que esos
compromisos carecen de valor probatorio ante la Dirección del Trabajo.


El vacío que los procede
Hay tiendas de la región con décadas de presencia en el comercio porteño, cuyos
empleados han sostenido a sus familias gracias a ese vínculo. Ninguno de esos negocios
compite en igualdad de condiciones frente a actores que operan, en ciertos casos, al
margen de la normativa tributaria, laboral y sanitaria. Eso ya es mercado desregulado.


La discusión, entonces, deja de ser económica y pasa a ser política. No se trata únicamente
de hábitos de consumo ni de rivalidad comercial, sino de qué estándares mínimos estamos
dispuestos a exigir.


El SII cuenta con un plan de fiscalización para estos recintos, pero debería intensificarlo. El
Sernac tendría que verificar el cumplimiento de la Ley del Consumidor. El Ministerio del

Trabajo debería asegurarse de que las condiciones laborales se ajusten a la normativa
vigente. A los municipios, por su parte, correspondería explicar con transparencia qué
patentes han otorgado y bajo qué criterios.


El edificio del ex Cine Hoyts no cerró por la llegada de un mall chino, sino porque la ciudad
fue cediendo sus espacios y también sus estándares, casi sin advertirlo y sin mayor
resistencia.


El mall apareció después, ocupando ese lugar. La pregunta no es por qué arribaron, sino
qué hicimos —y qué seguimos haciendo— para que ese vacío exista.

Un comentario sobre “Boom de los mall chinos: ¿qué es lo que no estamos viendo?

  1. Los mall chinos, están permitidos en este país, por el tratado comercial con China, lamentable cada vez desaparecen más cosas como dice el reportaje, que ni nos damos cuenta, ejemplo el Cine, pero los chilenos solo vemos lo económico, no la cultura, que se va deteriorando o simplemente desapareciendo, excelente reportaje para abrir los ojos

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *